Entre Dios y el niño hay una real y misteriosa unión; en él está muy clara la imagen de Dios, por lo cual Dios y el niño son dos riquezas de amor que se atraen.

 

La catequesis del Buen Pastor se inicia en 1954 por el impulso de la alegría de los niños,

satisfaciendo la exigencia vital más esencial: el amor. Así nace la “Associazione Maria

Montessori per la Formazione Religiosa del Bambino” en Roma, Italia, fundada por Sofía

Cavalletti y Gianna Gobbi y aprobada y apoyada por el Vicariato de Roma.

 

Sus fuentes son la Biblia y la liturgia, y está basada en los principios Montessori. Esto hace posible una real experiencia de vida, en donde el niño vive, dentro de esta experiencia, los sacramentos de la vida cristiana de la Iglesia.

 

Es experiencia de vida, celebración del encuentro con Dios en escucha del único Maestro y en la obediencia al Espíritu. El catequista junto con el niño vive esta experiencia al ponerse a la escucha de la Palabra de Dios.

 

Es Cristocéntrica porque inicia el anuncio en la persona de Cristo y a partir de Él, la Trinidad. La fuente de la catequesis es siempre la Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo. El conocimiento de la Biblia no procede de una actividad puramente intelectual, sino una EXPERIENCIA que termina necesariamente en el Enamoramiento.

 

 

 “Si queremos ayudar al niño a estar más cerca de Dios, debemos con paciencia y cariño  tratar de llegar al núcleo vital de las cosas. Ésto requiere estudio y oración. El niño puede ser nuestro maestro si sabemos cómo observarlo”.

 

S. Cavalletti

“Todos comenzando por las familias cristianas, debemos sentir la responsabilidad de evangelizar”

 

(Christi fidelis laici No 35)

Es una catequesis basada en el estudio y conocimiento profundo del niño. Con base a ésto, sabemos que el niño desde su nacimiento hasta los 6 años de edad, pasa por un periodo “sensible” en el que posee impulsos e intuiciones religiosos muy fuertes. De ello se afirma que el niño posee un “potencial religioso” que no debe desaprovecharse. En esta edad el niño tiene una verdadera “hambre” o “anhelo” de Dios y es capaz de responder a Su Amor con un verdadero “enamoramiento”. Este anhelo se encuentra en el niño en su estado más puro, más original, porque no ha sido aún tocado por elementos de índole cultural. Este anhelo de amor y ser amado es inequívocamente un anhelo religioso que, cuando es sabiamente encauzado por la pedagogía de la revelación del Amor de Dios, conduce al niño a admirables experiencias de contemplación y de comunión con el Señor.

 

El niño no sabe lo que está viviendo, pero, lo vive, es un misterio. El pequeño está despejado, vacío El TÚ con mayúscula lo invade, el pequeño no pone resistencia, se deja invadir.

 

Juan Pablo II decía que ayuda al cristiano a situarse en la historia y a insertarse activamente en ella al mostrar cómo Cristo es el sentido último  de ésta historia.

 

La Eucaristía es el centro de la vida del atrio en todos los niveles de edad.

 

La catequesis del buen Pastor está basada en el método Montessori que parte de un profundo respeto de la persona humana, que trabaja sobre cómo ayudara al niño en la educación en la libertad.

 

El niño es toda una personalidad cuando se le permite desarrollarse normalmente.  Disciplina no es inmovilidad, es orden, no obedece a un ser humano sino a una voz interior que le indica el camino.  Trabajando por sí mismo el niño adquiere una disciplina activa. Parafraseando a la Dra. María Montessori, Sofía Cavalletti dice que el niño nos pide: “ayúdame a acercarme a Dios por mí mismo”. Al adulto corresponde, pues, guiarlo y preparar el ambiente para que el niño se ponga en contacto con la Palabra de Dios.

 

LOS PADRES COMO EDUCADORES MORALES

 

Realmente la moralidad comienza en casa. Para los padres es el desafío más grande educar niños morales, es decir, seres en relación. Esta función comienza en los primeros años de vida del niño. Moralidad es vivir la relación de modo que lleve al respeto por sí mismo y por los otros.

CARACTERÍSTICAS DE LOS NIÑOS DE SEIS A NUEVE AÑOS:

 

  • Mente racional
  • Empieza a desarrollar conciencia moral.
  • Consolida su personalidad.
  • Etapa de tranquilidad porque conoce ya el mundo, sus capacidades y límites.
  • Está seguro de sí mismo;
  • Crecimiento físico armónico, vital para descubrir el mundo y conocer el universo.

CARACTERÍSTICAS DE LOS NIÑOS DE NUEVE A DOCE AÑOS:

 

  • Mente creativa.
  • Cuestionan y retan.
  • Interesados en el ambiente social y las culturas.
  • Los sermones morales son de poca utilidad, es mejor razonar.
  • Deseo de distinguir el  bien del mal.
  • Necesidad de encontrar su propia luz interior.
  • Su voluntad los capacita para ejecutar el autocontrol.